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Tatuajes, ¿siguen siendo un tabú en el mundo laboral?

¿Están relacionados los tatuajes con la discriminación en el empleo? ¿Hasta qué punto puede una empresa regular la imagen de sus empleados? Aunque cada día se avance más hacia la ruptura de estereotipos, los tatuajes son hoy en día un motivo determinante a la hora de conseguir un trabajo.

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15 enero, 2019
Talento

Vivimos un momento de cambio a la hora de seleccionar perfiles. Las empresas ya no buscan un “currículum inmaculado”, buscan valores que casen con la esencia de las empresas, por eso los procesos de selección han cambiado y siguen haciéndolo adaptándose a lo que demanda el mercado: profesionales que hagan las cosas “con amor”, con pasión y ganas, cuya experiencia, convicciones y creencias primen sobre otras cuestiones académicas o estéticas. Incluso se puede hablar de que la selección de personal es bidireccional, ya que el candidato/a también selecciona la empresa a la que desea o no trabajar.

Piel tatuada sí, pero no a la vista

“Es el candidato perfecto, solo que esos tatuajes no me convencen… demasiado vistosos, demasiado grandes… quizás nos perjudique entre nuestros clientes con la imagen tan clásica que tiene nuestra empresa”, esta conversación ficticia entre dos recruiters podría ser escuchada en cualquier departamento de selección. Hoy en día, la estética sigue afectando al candidato, aunque las redes sociales y las generaciones de talento más joven lo normalizan, solo el 12% de los europeos están tatuados, un porcentaje bajo si lo comparamos con la media de millennials que llevan tinta en la piel. Es la generación más tatuada hasta la fecha y también la que ha conseguido romper con los estereotipos que existen en torno al sector. Según el Pew Reaserch Center, el 40% de los millennials tiene al menos un tatuaje. “En el ámbito laboral, dependiendo de tu trabajo, puede que incluso puedas tener más posibilidades frente a otros candidatos de conseguir el empleo”, afirma Melania de los Reyes, tatuadora de Cuatro Líneas Tattoo.

Aún queda mucho trabajo por hacer a nivel social y laboral, como demuestran los resultados arrojados del estudio realizado por la Universidad de Tampa, en el que el 86% de los estudiantes encuestados con tatuajes visibles afirmaron creer que tendrían más dificultad para encontrar trabajo después de graduarse. Un 89% reconoció que, a la hora de tatuarse, pensó primero en el impacto que causarían los tatuajes a la hora de encontrar trabajo. Pese a que lucir tatuajes se haya normalizado, Kristen Foltz, investigadora del estudio, reconoció que a la hora de encontrar trabajo, “las posibilidades de no ser seleccionado aumentan”.

¿Están relacionados los tatuajes con la discriminación en el empleo?

Aunque cada día se avance más hacia la ruptura de estereotipos, el 70% de los entrevistados afirmó que, a la hora de tatuarse, escogió un lugar fuera del alcance de la vista del jefe. En esta línea, Melania reconoce que aún siguen siendo motivo de discriminación, sobre todo, “a nivel social”: “cuando tatuamos a gente con los 18 recién cumplidos, casi obligatoriamente les preguntamos, “pero ¿a qué vas a dedicarte? “, ya que, aunque parezca mentira, la tendencia actual es tatuarse en zonas muy visibles. Entonces, en esas ocasiones tenemos que persuadirles, porque sabemos que el día de mañana puede perjudicarles”, reconoce la tatuadora.

¿Hasta qué punto puede una empresa regular la imagen de sus empleados?

“El cambio cultural ha sido brutal”, afirma Melania, y aunque esta premisa sea cierta, la edad y la mentalidad son determinantes. “Siempre habrá gente a la que puedas crearle mayor desconfianza por mostrar tu piel tatuada”.

Lo mismo ocurre en algunos sectores, como puede ser en el ámbito de la consultoría o los cuerpos de seguridad del estado, donde existen ciertas restricciones a la hora de lucir tatuajes. En las Big Four, por ejemplo, recomiendan a sus nuevos empleados “quitarse los piercings del cuerpo y cubrir los tatuajes que se encuentran a la vista” en el trabajo.

Para los opositores a Guardia Civil, los tatuajes visibles pueden ser un problema. En el último borrador de la Orden General de la Guardia Civil, se incluía una regulación del atuendo de los agentes en los que se recogían algunos puntos que han suscitado la polémica entre las asociaciones del Cuerpo. Estos puntos más polémicos se referían a no mostrar tatuajes en zonas visibles, no llevar peinados que se salgan del corte clásico, no llevar barbas con más de tres centímetros de longitud y no tener el pelo largo suelto. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, retiró el pasado septiembre el borrador, puesto que entre otras restricciones, exigía el borrado de los mismos en un plazo de tres meses, algo que suscito mucha polémica entre las asociaciones del colectivo.

Al igual que sucede con la Administración Pública, en el sector privado no existe una norma general que se aplique, por lo que los casos que existen se estudian de manera particular, tratando de contemplar los derechos de todos los implicados. Cuando la empresa establece un código de vestimenta estricto debe responder a unos objetivos razonables. Por ejemplo, puestos de trabajo de cara al público donde se prohíbe lucir un tatuaje que muestre ideología, inclinaciones políticas o religiosas que choquen con los de la compañía. Ante estas restricciones, el profesional puede defender su tatuaje aludiendo a derechos fundamentales como la propia imagen, la intimidad o el derecho al libre desarrollo de la personalidad. En este punto, un tribunal es el que tiene que intervenir, analizando cada caso en particular, puesto que no todas las profesiones son iguales, ni todos los tatuajes tampoco.

Rompiendo los prejuicios con las redes sociales

La transformación digital, el uso de las redes sociales y las nuevas generaciones han promovido la normalización de los tatuajes, no solo en la vida cotidiana sino también en el ámbito laboral. Además, el uso de Instagram, la red visual por excelencia, permite a los tatuadores dar a conocer su trabajo, convirtiéndose en “un gran escaparate para este arte”. En esta vorágine social, el gremio también está viéndose afectado por el llamado “efecto Instagram”. “Algunos instagramers no entienden que el trabajo vale dinero. Muchos estamos sufriendo el “tatúame gratis por publicidad”, cuando hoy en día, todos conocemos los trucos para inflar el número de seguidores y likes”, reconoce la tatuadora.

Para romper con los prejuicios y estereotipos que a menudo se conciben de las personas tatuadas, se han llevado a cabo campañas de concienciación, como la denominada “Las apariencias engañan”, un proyecto fotográfico ideado por Óscar Quetglas que consistió en mostrar imágenes de personas vestidas de dos formas distintas, una con la ropa que normalmente usan para trabajar y la otra con ropa de calle mostrando los tatuajes de su cuerpo. La campaña se difundió bajo el lema “los tatuajes no te hacen menos profesional” y obtuvo un gran alcance social y mediático. “Vi una foto que me llamó mucho la atención. Era una foto del Dr. David Ores, que ilustraba un artículo sobre el mismo y su servicio altruista para eliminar tatuajes de ex-convictos para que sus tatuajes carcelarios no supusiesen un problema en su reintegración a la sociedad”, explica Óscar cuando habla de cómo surgió la idea del proyecto que le dio a conocer internacionalmente, “esto me hizo saltar una chispa en la cabeza y pensé: ¿por que no hago un proyecto en el que pueda mostrar a profesionales de toda índole, y en el que en una foto salgan con su vestimenta habitual en el trabajo y en otra salgan mostrando sus tatuajes?. Y dicho y hecho… hice un llamamiento en redes, usando como ejemplo mi foto, y tuve una rápida respuesta”. E igual de rápida fue la difusión del proyecto, “el cuál  tuvo un éxito internacional sin precedentes”, su página de FB paso de 600 a 20.000 likes en apenas 10 días, y publicaron noticias del proyecto en USA, México, Argentina, UK, Brasil, … y por supuesto España. Y cómo reconoce Óscar, lo que surgió como hobby pronto se convirtió en una “campaña en contra de la discriminación laboral”.

Además, no solo las redes han fomentado la difusión de campañas reivindicativas, en el mundo del arte se han realizado todo tipo de iniciativas como la exposición “Written in ink”, de Mai Oltra.  Una muestra del trabajo fotográfico compuesta por retratos de personas enseñando sus tatuajes que a diario ocultan bajo su ropa cuando van a trabajar y con los que Mai pretende lanzar una reflexión en torno al motivo que provoca que las personas tatuadas oculten su piel en ámbitos formales.

 

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En definitiva, la ruptura con los estereotipos y prejuicios existentes en torno a la tinta en la piel dependerá no solo de la evolución de la sociedad, sino también de la aceptación y normalización por parte de las empresas y profesionales que contratan.  Los tiempos han cambiado y las organizaciones comienzan a adaptarse. “Se nota un aire de liberación muy gratificante”, apunta Melania. No obstante, toca preguntarse, ¿pueden las empresas desperdiciar potenciales talentos simplemente porque su imagen no es tal y como se espera o les gustaría?

Mientras tanto, quedémonos con la reflexión de Herman Melville acerca de los tatuajes: “¡Es sólo su exterior!, un hombre puede ser honesto bajo cualquier tipo de piel”.

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