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Menos propósitos para 2019 y más acción

Quién mucho abarca, poco aprieta. Así deberíamos empezar el año, con un buen refrán realista en nuestra mente.

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Tiempo de lectura: 4 min.

13 diciembre, 2018
Planificación

Toca cerrar ciclo, cuentas, proyectos, contratos… Con el fin de temporada todo se vuelve más tenso porque, para colmo, también hay que planear las previsiones y los objetivos del año siguiente.

Es el momento favorito de los Directores Financieros (CFO), todos los años se hace un drama de este momento y todos los años se termina superando. Durante este trámite muchos sufren problemas, malas praxis y errores que pueden pagarse caros en el futuro.

El cierre de temporada es un hito crucial para la empresa y, sobre todo, para los directivos. Es el momento de analizar los datos y comprobar realmente si se han cumplido los objetivos establecidos. Y aquí es donde llegan sorpresas… De todos los proyectos propuestos a principios de año se ha ido quedando por el camino un 20% o más.

Esta situación es algo natural ya que el discurso de los acontecimientos a veces puede torcerse y no es predecible. Pero, si pensamos en el capital humano y el tiempo invertido en vano nos escuece la mejilla. Por ello, a la hora de plantear los objetivos del año que viene hay que intentar ser humildes y realistas.

Cuando planeamos los objetivos a largo plazo hay que tener presente tres escenarios: “un plano realista, un plano pesimista y un plano optimista”, explica Vicente Espert, Director Financiero de Sesderma.  De esta entrevista se desprende que hay tener en mente prioritariamente el escenario realista (tirando hacia el pesimista), para evitar sorpresas.

Además, echar un vistazo al panorama económico regional no viene nada mal para ponerse en situación. El Banco Mundial, por ejemplo, hace estudios de perspectivas económicas que ayudan a conocer el entorno mercantil para tomar decisiones más inteligentes.

Finalmente, tras calcular el presupuesto con los gastos, las ganancias y el fondo de crisis (muy importante para cualquier imprevisto), se tiene que hacer un segundo fondo de ahorro para proyectos a corto plazo que puedan surgir.

Con esta partición realizada y los distintos escenarios encima de la mesa, se dedicará todo lo posible a los proyectos ya en marcha para impulsarlos y finalizarlos, y se hará un estudio de los nuevos proyectos a implementar. Pero, hay que estar alerta y evitar contar con aquellos proyectos que no están muy claros, mejor dejarlos a un lado que invertir en ellos esfuerzos en vano.

Frenar el crecimiento es una decisión inteligente

Cuando no vemos un proyecto claro dentro de nuestros planes anuales, no se trata de desecharlo sin más, sino de apartar la idea hasta que cuadre en otra ocasión. Así es como deberían tomarse las decisiones a la hora de plantear nuevos escenarios.

Todos los años igual, ¡basta de enunciar nuevos propósitos que no verán la luz en nuestros planes! Dietas, viajes, contratos, subidas de sueldo… Si no se va a hacer no hay ni que decirlo, aunque lo planeemos con la mejor intención.

En muchas ocasiones, cuando las empresas obtienen crecimientos visibles nonstop, los directores financieros se vienen arriba sin echar el freno. Si el presupuesto lo permite no tiene por qué haber ningún problema. Pero no todo depende del dinero, también las personas que conforman la empresa tienen que estar preparadas para el crecimiento.

A mayor crecimiento, mayor volumen de trabajo y responsabilidades. Hay que ser cautos a la hora de tomar estas decisiones y tener muy en cuenta a los responsables de recursos humanos para crear una planificación laboral realista.

Digitalización y Big Data como claves fundamentales a la hora de planificar

“Estamos inmersos en la sociedad de la inmediatez, estamos acostumbrados a tenerlo todo en la palma de la mano, en la punta de los dedos, en cualquier momento y en cualquier lugar”, explica Vanesa Estévez, Directora Financiera de Albali Señalización.

Sin información fiable, relevante y a tiempo, muchas veces los Directores de Negocio se ven obligados a tomar decisiones basadas en suposiciones o “meros instintos”.  Esto crea un riesgo para la empresa bastante alto y gracias a las tecnologías no tenemos por qué jugárnosla.

Según comenta Estévez, el 65% de las empresas consideran que el Big Data es una herramienta fundamental para mantener una posición competitiva de la empresa en el mercado. El análisis masivo de datos nos facilitará mucho la vida a la hora de pensar en el ahorro de costes, la optimización de los procesos, la mejora de la gestión de inventario y de recursos humanos.

Sea como fuere, con o sin Big Data, lo más importante es no lanzarse a la piscina. Nuestros propósitos de Año Nuevo tienen que dejar de ser utópicos y materializarse desde el primer día en nuestras actividades. Así es como llegaremos a final de temporada con buenos resultados, proyectos cerrados y nuevos contratos en el horizonte.

Dejar atrás los clichés y tomarse en serio la nueva temporada será clave para llegar a buen puerto. Año Nuevo, vida nueva. ¡Pero de verdad!

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