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El Big Data me mata

Estamos en una época que podríamos definir de máxima exposición social, pero resulta contradictorio tener un proteccionismo tan alto del dato como el que impone el reglamento.

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1 octubre, 2018
GDPR

Estamos en la era del dato, del big data y del small data. La era en la que hemos transformado la información en conocimiento. Cada año multiplicamos exponencialmente las capacidades de almacenamiento de datos. Las capacidades de análisis que nos ofrecen hoy en día las tecnologías de la información basadas en Big Data e Inteligencia Artificial son inmensas.

Gracias a la conectividad de la que podemos dotar a los objetos que nos rodean y con los que convivimos diariamente, somos capaces de tener más información, más conocimiento que nunca. El Internet de las Cosas es hoy una realidad que está cambiando la manera de relacionarnos con los objetos cotidianos.

Cada vez más, la denominada “smart life”, nos permite conocer nuestro estado de salud, la temperatura corporal, el número de pulsaciones por minuto, las horas de descanso… es decir, un análisis permanente que nos garantiza una vida más feliz, más sana y todo esto gracias, en última instancia, a los datos.

Sin embargo, todas estas capacidades, todo este gran mundo de oportunidades que las empresas tienen para mejorar sus productos, su relación con el consumidor, sus procesos, etc., parecen destinadas solo a las grandes empresas que pueden hacer frente y salvar las problemáticas que el nuevo reglamento GDPR ha impuesto.

SegúnGD Legal, empresa que presta asesoría jurídica en Madrid, las pymes deben asumir los mismos compromisos que las grandes empresas para poder obtener y conservar los datos de sus clientes. El desconocimiento, la dificultad y la falta de recursos para afrontar los cambios que el Reglamento impone, reduce de manera notable la competitividad de las pymes frente a las medianas y grandes empresas.

Una época, que podríamos definir de máxima exposición social, resulta contradictorio tener un proteccionismo tan alto del dato como el que impone el reglamento. Un proteccionismo que deja fuera de actuación a un gran número de empresas que ven como sus bases de datos han quedado reducidas a la mínima expresión y que para volver a alimentarlas, deben realizar costosas campañas de captación y asumir las exigencias que impone el Reglamento.

Muchas pymes se preguntan si la denominación de Big Data se refiere a que por imposición legal solo podrán acceder a él los grandes, quedando, una vez más, las pymes desplazadas de este futuro prometedor.

Madrid me mata, dijo una vez el cineasta, y ahora son las pymes las que hacen suyo este grito adaptándolo al mundo 4.0 ¡El Big Data me Mata!

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