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Micromachismos en la era digital

Hoy, 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer, se pone de relevancia un tema que resulta familiar, cotidiano, aquellas situaciones que habitualmente no se detectan como actos desigualitarios, los denominados “micromachismos”.

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7 agosto, 2018
Mujer

¿Cedes o te ceden el paso al entrar a un lugar? ¿Vas a comprar el pan y se refieren a ti con un “Buenos días, ¡guapo/a!”? ¿Asistes a un evento y recibes comentarios del modelo que llevas puesto? ¿El camarero siempre le trae la cuenta al comensal masculino?

Si la respuesta a estas preguntas es sí, estás siendo víctima de micromachismo. Al menos, así lo afirman los defensores de este nuevo movimiento que lucha por modificar las bases de la educación, la costumbre, la comunicación y, en primera instancia, de la sociedad actual.

Las cuentas nunca salen cuando se trata de igualdad entre hombres y mujeres. Si se habla de países subdesarrollados, la disparidad aumenta. 2 de cada 3 personas analfabetas en el mundo son mujeres.  La población con mayor índice de pobreza mundial es mujer, según la ONU. Solo el 5% de los puestos directivos de las organizaciones más importantes a nivel mundial están ocupados por mujeres, según la OIT. Pero hoy, 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer, se pone de relevancia un tema que resulta más familiar, más cotidiano, aquellas situaciones que habitualmente no se detectan como actos desigualitarios, los denominados “micromachismos”. Este nuevo tipo de ‘violencia suave’(término acuñado por el sociólogo francés Pierre Bourdieu)  es objeto de un enraizado debate en las redes que acumula detractores y defensores por igual.

Empecemos por el principio: ¿qué se entiende por micromachismo?

El origen del término micromachismo parte de la conceptualización de Foucault sobre las microrrelaciones de poder y de la definición de Bonino, acuñada por primera vez en 1991, aludiendo con este término a los comportamientos de inferiorización hacia la mujer en microsituaciones, no por pequeñas sino por imperceptibles o en el límite de la evidencia, que son indetectables y normalizadas ejercidas en los espacios de la cotidianeidad. Calificadas como “comportamientos machistas y prácticas de violencia del día a día, capilares, camufladas, inadvertidas, ignoradas, pero no irrelevantes ni banales”.

“Micromachismos a un click”

Para ilustrarlo en 60 segundos, este vídeo de Jaume Quiles Finalista XV Certamen Videominuto 2016.  Como se ve en la pieza de Quiles, la publicidad y los medios de comunicación han contribuido a la normalización de estas situaciones. Anuncios publicitarios donde se objetiva a la mujer, noticias políticas más centradas en el atuendo de las féminas que en la labor que desempeñan, portadas de diarios con la “foto finish” del campeón de turno siendo besado por dos azafatas… Muchos son los ejemplos encontrados mediante una simple búsqueda de Google, pero ¿por qué no detectamos estos comportamientos?

”Porque son imperceptibles y están normalizados, por eso son difíciles de identificar” afirma Javier Covarrubias, miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género en declaraciones al Huffington Post.  “La violencia física o los insultos son las dominaciones más visibles y que menos se aceptan en la sociedad. (…) También hay actitudes paternalistas que muchas mujeres, incluso las más jóvenes, ven aceptables porque las interpretan como cariño“, comentaba el experto al mismo diario. Y es que, muchas veces, son las propias mujeres las que no se sienten identificadas ni comparten estos hechos calificados con la doble M, por su educación, sus hábitos sociales o los roles desempeñados en el hogar y fuera de él.

¿Producto de los roles tradicionales?

Por lo tanto, ¿dónde radica el problema? ¿Somos todos partícipes de situaciones discriminatorias, ya sea por exceso o defecto? ¿Dónde está el límite? ¿Quién lo debe determinar?

“Hay distintos grados de machismos. Los hay más evidentes, no aceptados por la mayor parte de la sociedad y los hay en actitudes arraigadas en nuestro acervo cultural, que suelen ser de menor gravedad, pero tienen el mismo tronco”, explica María Jesús Ortiz, jefa de relaciones externas del Instituto de la Mujer al mismo diario.

No hay duda de que muchas de las situaciones que se comienzan a denunciar en público y ante las autoridades son hechos deleznables, como los recientemente destapados con el movimiento #metoo de la industria cinematográfica americana. Las denuncias por exceso son también reseñables, como, por ejemplo, el encarnizado debate por el sexismo en el lenguaje, llegando en ocasiones a rozar lo absurdo. El léxico es un ente vivo, flexible y que evoluciona al igual que lo hace la sociedad, pero de lo lógico a lo extravagante, hay solo un paso y darlo supone cruzar una delgada línea, que en muchos casos solo se utiliza como estrategia para difamar, provocar o acaparar portadas y titulares como sucedió con el ya famoso: “miembras” o el reciente: “jóvenas” acuñados sin el menor ánimo de contribuir a la igualdad y, menos aún, contribuir a enriquecer el honorable léxico castellano, sino más bien mancillarlo.

¿Cómo contribuye la digitalización?

“El micromachismo en internet está por todas partes” destaca Almudena García Manso, socióloga y docente de la Universidad Rey Juan Carlos en su estudio: “Machismo y micromachismos en Internet: una aproximación exploratoria basada en ciberetnografía”. “Lo más llamativo es la existencia de este tipo de ideología en los comentarios que se realizan en los foros de noticias de diarios on-line”.

Las reflexiones sobre estas pequeñas tiranías buscan llevar a debate a aquellos elementos de la cultura y los roles tradicionales que forman la base de la violencia contra las mujeres.  Uno de los riesgos derivado de la viralización de los contenidos es la fácil difamación, con el objetivo de dañar la imagen de un colectivo, empresa o personaje público. Para ello, se emplean argumentos micromachistas, que esconden otros fines cuya raíz se encuentra en frustraciones, falta de éxito o de reconocimiento profesional. “Estos comportamientos y actitudes son visibles en las interacciones que se dan en Internet, sobre todo en sus herramientas de comunicación social. Tangibles en foros, comentarios a noticias y en redes sociales como Instagram, Twitter y Facebook.”

En definitiva, usar este tema tan sensible enmascarando otros de distinta naturaleza y aprovecharse del anonimato y altavoz que existe en la red es sin duda otro de los graves problemas que hoy en día se detectan en la red.

En conclusión, como veíamos en el vídeo de Quiles, la era digital no escapa de ser un lugar impregnado de sutiles toques micromachistas donde en palabras de García Manso “La cultura y la sociedad patriarcal se han ido incorporando a la cibersociedad, sin vistas de ser reducida”.

 

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